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Las clases de tango dictadas por Damián Buezas de la Torre,

 

Practica y milonga de Tango

 

 

 

 

 

 

 


Orígenes del Tango

 En la segunda mitad del siglo XIX, Buenos Aires fue testigo de la gran oleada inmigratoria, básicamente europea, que llegó a nuestras costas con la certeza de “hacerse la América” y lograr una posición económica. Si bien es cierto que no todos los recién llegados pudieron lograr sus metas, y debieron alojarse en los conventillos de los arrabales, no es menos cierto que el ascenso social de los inmigrantes se vio plasmado en la siguiente generación como quedó planteado en “M' hijo el dotor” de Florencio Sánchez.

Los inmigrantes trajeron con ellos sus costumbres, sus gustos y su bagaje cultural, fusionando músicas de todas partes del mundo, como el tango andaluz, la habanera cubana (difundida en la rivera por los marineros que hacían la ruta comercial entre el Río de La Plata y Las Antillas), el chotis, el folklore del interior del país y el candombe traído por los negros africanos, dando origen a uno de los acontecimientos musicales más importantes en nuestro país: el tango .

Hasta1860 la población argentina no sufrió grandes transformaciones demográficas, ya que la misma se mantuvo relativamente estable y las inmigraciones fueron poco significativas si las comparamos con la producida a partir de 1880.

Si bien hasta mediados del siglo XIX la Argentina mantuvo una política conservadora al estilo español sin fomentar la inmigración masiva hacia el continente, con el paso de los años, el gobierno se vio necesitado de mano de obra para trabajar los extensos cultivos del suelo argentino.La caída de Rosas en la batalla de Caseros (1852), dio origen a una nueva Constitución, que alentó a la inmigración.

La Constitución de 1853 en el artículo 25 expresa lo siguiente:
“El gobierno federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir las ciencias y las artes”
Si bien el llamado era para todos los extranjeros que quisiesen habitar el suelo Argentino, el gobierno pensó que al país arribaría mano de obra calificada, agricultores especializados y ganaderos con experiencia, capaces de mejorar la producción agropecuaria nacional” .

No evaluaron que no es habitual que este tipo de profesionales abandone su país de origen para aventurarse a la inmigración.

Muchos de los recién llegados, que eran inmigrantes pobres y sin especializaciones, habían participado en la Comuna de París (1871), trayendo la semilla de rebelión a nuestra patria, que daría origen a las primeras huelgas y revueltas obreras con sus ideas anarquistas y socialistas.

Sarmiento había criticado durante su presidencia las costumbres heredadas de España, a las que culpaba del atraso y la violencia generada en el país en esos tiempos. El creía que la educación masiva y la inmigración provocaría una revolución cultural en nuestro país.
La política educacional prosperó de forma nunca antes vista en el país, y aunque la inmigración no trajo al “individuo modelo” que él tanto anhelaba, llegaron millones de inmigrantes pobres y esperanzados, pero también con espíritu inquieto y ambiciosos, que fueron a habitar los conventillos, abriéndose paso en la sociedad.
Durante la presidencia de Avellanada (1874), la inmigración se hizo más numerosa y la crisis económica obligó a seguir pagando intereses para mantener el flujo de capitales e inmigrantes del exterior. Su frase: “hay que ahorrar sobre la sed y el hambre”, le ganó varias críticas de la oposición.

Como el presidente era conciente de los fraudes en los contratos que se les hacía a los inmigrantes, creó la Ley de tierras e inmigración, promoviendo la llegada de colonos y asegurando el buen trato al arribo al continente.

También garantizó la distribución de la tierra en pequeñas parcelas para que no se formaran latifundios. Pero si bien estos logros frenaron la extensión del latifundio por un tiempo, la “Conquista del desierto” terminaría con estos progresos ya que la masiva incorporación de territorios caerían en manos de unos pocos ambiciosos.
La conquista del desierto en 1879 y la federalización de Buenos Aires en 1880, fueron transformando a la argentina en una nación moderna. El país se hizo agroexportador, ligado por lazos coloniales al Imperio Británico, regido por una elite culturalmente afrancesada, y con el grueso de fuerza de trabajo proveniente de la inmigración.
El responsable de esta “época dorada”, fue el joven presidente Julio A Roca.

Si bien predominó un manejo del poder absolutamente oligárquico, los inmigrantes tuvieron varios logros, entre ellos la Ley de educación 1420 (enseñanza primaria gratuita, laica y obligatoria), aunque siempre se mantuvieron al margen de la política por su imposibilidad de ejercer el voto (los extranjeros no tomaban la carta de ciudadanía). “La llegada de las primeras oleadas inmigratorias se produce en coincidencia con el auge de esta organización”, es por eso que a la Argentina llegó a arribar un promedio de casi cien mil inmigrantes por año.
Bajo el gobierno de Roca se inauguró un período de desarrollo económico y educacional muy dinámico gracias a las condiciones de paz interna que finalmente se habían creado, así como la ampliación de las tierras usables para la explotación agropecuaria.

Al inmigrante no le era nada difícil conseguir trabajo. La gran demanda de mano de obra estaba polarizada en la agricultura y las obras públicas de infraestructura.

Si bien la agricultura ofrecía trabajo, no daba la oportunidad ni crédito alguno de adquirir la tierra y poder arraigarse. Esto derivó en una sensación predominante de frustración en el inmigrante que soñó con su pequeña parcela y a cambio tuvo que permanecer en la periferia de las grandes ciudades, en especial y casi exclusivamente en las orillas de Buenos Aires, donde llevó una vida de pobreza, desesperanza y nostalgia, marco habría de insertarse el tango.

Por cierto, dar una fecha precisa del nacimiento del tango resulta muy difícil aunque la mayoría de los estudiosos coinciden en que fue hacia 1880. También existen diferencias en cuanto al origen de la palabra tango . Por lo tanto no hay un momento preciso de creación, ni un inventor del mismo.

El tango no fue un hecho puntual sino que se fue gestando desde mediados del siglo XIX hasta la creación definitiva del tango-canción por Pascual Contursi con “Mi noche triste” (1917). Y si bien muchos historiadores critican esta fecha rechazándole la calificación de “primer tango-canción”, la mayoría concuerda y la pone como punto de referencia. Lo que no se puede negar es que este fue el primer tango-canción grabado.
Como ya se ha dicho la Argentina fue testigo de la llegada de millones de inmigrantes en la segunda mitad del siglo XIX que se prolongaría hasta la mitad del siglo siguiente. Todos los que pasaron a conformar la nueva sociedad de Buenos Aires, tuvieron algo por qué llorar. Los inmigrantes por la añoranza de la tierra que habían dejado, los habitantes del interior por la necesidad de dejar su provincia para buscar trabajo en la ciudad, los porteños por la invasión de su ciudad por parte de extranjeros y provincianos, con quienes debían pelear por los puestos de trabajo, y hasta el gobierno por no haber podido traer al “inmigrante ejemplar”.

En cuanto al componente negro de sus raíces, tesis aportada en 1926 por el especialista Vicente Rossi, el mismo dice: “hoy la milonga es una pieza obligada en todos los bailecitos de medio pelo que ora se oyen en las guitarras, los acordeones, en el papel con peine y en los musiqueros ambulantes de flauta, arpa y violín… También es ya del dominio de los organistas, que lo han arreglado y lo hacen oír con aire de danza o habanera

Esta habanera afinca durante la época del 60 y en opinión de Vicente Rossi se transforma gradualmente en la milonga, que a principios del 80 ocupa un destacado lugar en el gusto popular. La misma es bailada por los compadritos como burla a los bailes que dan los negros en sus sitios.

Este auge de la milonga es captado por los payadores y los empresarios de circos, teatros y peringundines, que la amalgaman con las piezas de los espectáculos habituales.

Según los Bates, también pertenece al ámbito del circo criollo el primer ejemplo de milonga bailada en un escenario (La estrella, de Antonio Podestá, escrita en 1889 para las representaciones de Juan Moreira).

Podemos afirmar que en la década del 80 tenemos una milonga bailada, una cantada a través de los populares payadores y una milonga espectáculos, concebida para las representaciones del circo criollo.

Los Bates establecen en su célebre historia del tango una síntesis que resume y sincroniza las influencias combinadas del candombe, la habanera y la milonga: la línea melódico-sentimental y la fuerza emotiva de la habanera, la coreografía de la milonga y el ritmo del candombe, al que creo deberíamos agregar, a posteriori, la melancolía del inmigrante.

La nueva población debió alojarse en los conventillos, para, entre varios, poder alquilar una pieza, con el consabido hacinamiento y la falta absoluta de privacidad. De estos ambientes de pobrerío, habrían de “surgir los compositores musicales o letristas que reflejaron en sus composiciones el medio social en que se criaron y vivieron.”

Con respecto al alimento, este se conseguía con unas pocas monedas en las tiendas, las fondas o las pulperías. Era fácil cubrir las necesidades mínimas del hambre diaria ya que, como se ha dicho, se podía conseguir trabajo gracias a los cambios de progreso material que el gobierno de Julio A. Roca impulsaba. Y finalmente la distracción y el esparcimiento se resolvían en prostíbulos y las casas que ofrecían música, baile, bebidas, mujeres..

Quizá sea correcto afirmar que el tango nació en el prostíbulo, razón
por la cual las clases mas acomodadas no lo veían con buenos ojos.

Esta oposición estaba motivada en la carencia de formas musicales clásicas y el rechazo al origen lupanario de su gestación y su lenguaje delictivo que se le atribuía al argot o lunfardo popular. Este argot era utilizado fundamentalmente como jerga por los delincuentes que lo usaban en las cárceles, y estaba dado por las palabras de su patria de origen que no eran comprendidas por los carceleros. Por eso se definió al lunfardo como el lenguaje del punga y la ganzúa.

Pese a esto, los hijos de ésta clase alta, los “niños bien” o “cajetillas”, fueron los primeros difusores del tango inicial, ya que frecuentaron los lugares populares de diversión y lo llevaron a sus casas, donde la autoridad paterna había prohibido oírlo por ser de origen prostibulario; luego lo fueron “adecentando”, para dar origen a lo que se llamó el “tango de las hermanas”, ya sin los cortes y quebradas de sus inicios.
Los inmigrantes llegaron de todas partes del mundo: ingleses, portugueses, polacos, alemanes, españoles, etc, pero sin duda la inmigración italiana fue la más numerosa, excediendo en mucho a la española. “Así como los españoles trajeron a estas tierras su gusto por el teatro, que fue durante siglos el principal entretenimiento popular y cortesano, los italianos aportaron su pasión musical, su facilidad para ejecutar diversos instrumentos, su buen oído, su amor al canto” y por cierto todos sus "saudades".

Todos ellos realizaron un importante aporte a la gestación del tango, con la conjunción e de los “ritmos negros, la habanera, el tango andaluz y la milonga” es por eso que “el tango es un producto de esta conjunción de razas y culturas de origen con el agregado de la marginalidad producida por las condiciones de necesidad y carencia de la época.
Como se ha dicho, el tango nació en el arrabal porteño y como era de imaginarse los primeros músicos carecían de formación académica, desconocían el pentagrama y tocaban improvisando, forma que llamaban “a la parrilla”. Eran llamados músicos nómades, ya que al no tener un sitio fijo donde tocar, iban de lugar en lugar con su instrumento a cuestas, tocando de oído e improvisando su música en base a lo que el público les pedía en el transcurso de la noche; y así ganaban su sueldo.

Lo más común era el trío de guitarra, violín y flauta, aunque a veces se incorporaba algún que otro organillo callejero, alguna armónica o acordeón e incluso algún clarinete. Cuando se incorporó el piano como instrumento para el tango, los músicos empezaron a tener un lugar fijo para tocar ya que este instrumento era de difícil traslado. Pero cabe destacar la importancia de un instrumento, seguramente el más importante, que llevó al tango a lo que es hoy esa música tristona y desesperanzada: el bandoneón. Si bien se sabe que este instrumento es de origen germánico, se desconoce la fecha de su llegada al país.

Se dice que en la Guerra del Paraguay, Domingo Santa Cruz lo ejecutaba para distraer a sus compañeros; otros historiadores afirman que fue traído de Brasil por un tal “Bartolo”. Lo importante es que llegó y le dio al tango ese tinte melancólico y nostálgico que le faltaba para convertirse en la música popular por excelencia.
“París era, sin discusión, el centro cultural del mundo”, por ello no puede extrañar que el tango fuese aceptado entre la “gente decente” sólo una vez que regresó de Europa convertido en moda arrolladora.

Al finalizar el siglo, concretamente en 1899, la Argentina intervino en la Exposición de París con la presencia de Pellegrini como representante nacional. Algunos de los que fueron invitados para armar el pabellón argentino, llevaron músicas de tango impresas, las vendieron y fomentaron la formación de conjuntos para su ejecución. La melodía musical y el exotismo del origen, acompañados del sensualismo coreográfico de la pareja bailarina, lograron atraer adeptos en muy poco tiempo. Algunos le adjudican el triunfo a Villoldo y a la familia Gobbi en ser los primeros en llevar el tango a París.
La clase alta argentina viajaba a París para hacer ostentación de sus riquezas y comprar cuadros y pinturas; en la creencia de que el dinero compraba la cultura. Sin embargo en 1912, en uno de sus recurrentes viajes, se encontraron con que “ el tango porteño , despreciado en Buenos Aires, había campeado en los salones más cerrados…Era bailado, aplaudido y festejado, cuando ellos lo habían dejado de lado por sus orígenes rufianescos y prostibularios en su país”. Si bien el tango era la moda en París, muchos argentinos se resistían a aceptar esa música; un claro ejemplo es la declaración del embajador argentino en París: “…para los oídos argentinos la música del tango despierta ideas realmente desagradables…”. Sin embargo, se quiera o no, el tango triunfó. Con su aceptación en la Argentina, el tango dejó de tener este tinte prostibulario y se “adecentó” para la escucha de las clases acomodadas. Estas se permitían escucharlo sólo si los músicos vestían ropa de gala y además se les imputó otras reglas como no tomar alcohol, ni hablar con las mujeres durante su concierto.

También en esta época aparecieron muchos cabarets (“el prostíbulo de la clase alta”) como el Armenonville, donde se tocaban tangos, se bebían costosos tragos, se vendía cocaína (en algunos casos y obviamente de manera ilegal) y, además, tenían a su servicio una gran variedad de prostitutas cuyo contrabando a través de barcos llegados desde Europa había crecido mucho en los últimos años.
Si bien el tango fue finalmente aceptado por la clase alta argentina, el tango canción no habría de “nacer” hasta 1917 con “Mi noche triste” de Pascual Contursi. Quizá sea oportuno resaltar que con la llegada del pueblo al poder en 1916, con Hipólito Yrigoyen, gracias a la democrática ley Sáenz Peña, el tango se transformó en la música popular ” por excelencia y empezó a expandirse de manera inigualable, gracias a la reciente grabación eléctrica, la masiva transmisión radial y otros aportes tecnológicos, por todo el país y el globo.

Otro dato para tener en cuenta es que para 1914 solo un tercio de la población de Buenos Aires había nacido aquí, los dos tercios restantes se repartían en inmigrantes y provincianos.

Las letras de los tangos reflejaron los problemas de los oprimidos, las frustraciones, los amores y desencantos, y muchas veces a las cuestiones políticas, sociales y económicas de los gobiernos de turno. Basta sólo con ver los tangos que hacen mención a presidentes como Irigoyen y Perón, a diputados como Lisandro de la Torre, a gobernadores como Marcelino Ugarte y Carlos Tejedor, o a los partidos en si. “El hombre es un animal político y, como tal, es imposible que no se exprese políticamente”
“No hay forma alguna de arte que, ya por presencia activa o por omisión deliberada o inconsciente, no se encuentre “comprometida” con su tiempo histórico…” .

Yrigoyen asume en 1916 gracias a la Ley Sáenz Peña que permitió que el pueblo pudiera votar. Con él se inauguró un período de renovación nacional dando grandes beneficios a las clases menos pudientes, que por fin se vieron representadas en el gobierno. Son muchos los tangos que hablan del radical, al respecto corresponde recordar el de mayor trascendencia “Hipólito Yrigoyen”:

Yrigoyen presidente
La Argentina te reclama
La voz del pueblo te llama
Y no te podés negar;

Si bien por esta época ha de “nacer” el tango canción (1917), es preciso remontarnos tiempo atrás para analizar ciertas letras (tangos, milongas, payadas) para ver como la gente “cantaba opinando” sobre la situación que vivía el país.
Como ya se ha dicho, la llegada de inmigrantes al continente fue cuantiosa, sin embargo, pocos fueron los tangos que trataron su frustración tan explícitamente como “Giuseppe el zapatero” o “Violeta”:

Con el codo en la mesa mugrienta
Y la vista clavada en un sueño,
Piensa el tano Domingo Polenta
En el drama de su inmigración

Es claro ver cómo se sentía el inmigrante al llegar a nuestra patria. Si bien algunos lograron ascender económicamente, muchos debieron refugiarse en el arrabal llevando una vida de privaciones. Muchos de los recién llegados, como se ha visto, trajeron consigo las ideas sobre anarquismo y son numerosas las letras de tangos y milongas que lo tratan. Por ejemplo: “Hijo del pueblo”:

Hijo del pueblo, te oprimen las cadenas
Y esa injusticia no puede seguir,
Si tu existencia es un mundo de penas
Antes que esclavo, prefiere morir.
Esos burgueses asaces egoístas,
Que así desprecian a la humanidad,
Serán barridos por los anarquistas

Hay un tango anarquista de autor anónimo que llega a satirizar el himno nacional de Vicente López y Planes cambiándole la letra (“¡Oíd mortales! El grito sagrado / de anarquía y solidaridad / Oíd el ruido de bombas que estallan en defensa de la libertad”). También hay un tango dedicado al anarquista que atentó contra el jefe de policía Ramón Falcón, causándole su muerte. Como se ha dicho, son numerosos los tangos anarquistas, de seguro porque se vieron imposibilitados a ejercer la política y usaban al tango, que estaba poniéndose de moda, como medio de transmitir sus ideas.
Una inmigrante, indignada por la vida que se llevaba en los conventillos, realizó el tango: “Rebelión de las escobas”:

Señor intendente
Los inquilinatos
Se encuentran muy mal.
Pues los propietarios
O los encargados
Nos quieren ahogar

Esta era una manera de “descargarse” contra el abuso que hacía el dueño del conventillo contra sus inquilinos. A la par de este tango, se realizó la primera huelga, en la cual protestaban contra el mal estado y el precio del alquiler de las viviendas.
En 1903 Villoldo escribe uno de los primeros tangos sociales (“Matufias y el arte de vivir”) de la época. Si bien para esa época el retorno de Roca había impulsado avances en lo referente a la economía del país, el poeta lo reprochaba de la siguiente manera:

Es el siglo que vivimos
De lo más original
El progreso nos ha dado
Una vida artificial;
Muchos caminan a máquina
Porque es viejo andar a pie,
Hay extractos de alimentos
y hay quien pasa sin comer

Hay algunos que le adjudican a este tango el antecedente más claro del controvertido “Cambalache”. Oscar Priore señala que en los tangos de Villoldo no hay tristeza, “son anécdotas divertidas, pero que no desdeñan comprometerse solidariamente con lasrealidades de la época”
Numerosos son los letristas que incursionaron en lo social y político. Uno de los más notables fue Celedonio Flores: “Pan”, “Arrabal viejo”, “Que no cante en reo” (este lo compuso cuando el gobierno de facto había prohibido el lunfardo en un absurdo intento de conservar el lenguaje).

Este no fue el único caso en el que “limitaron” un tango. Muchas letras fueron prohibidas durante las diferentes dictaduras y, también en los gobiernos “democráticos”, en los cuales en teoría, los artistas gozaban de la libertad de expresarse en su arte. Algunos corrieron menos suerte que Celedonio Flores; tal es el caso de Osvaldo Pugliese quien fue varias veces encarcelado por el contenido de sus letras y por su simpatía hacia el partido comunista. Pero “El poeta” indiscutido del tango fue Enrique Santos Discépolo. “Los tangos más famosos de Discépolo hicieron contrapunto con la realidad económica y social…”. Su primer tango, “Qué vachaché”, que no tuvo mucha suerte en un principio cuando se estrenó en Uruguay, decía lo siguiente:

¿Pero no ves, gilito embanderado,
Que la razón la tiene el de más guita?
¿Qué la honradez la venden al contado
Y a la moral la dan por moneditas?

Otro tango que incursionó en lo social de manera más poética fue “Si yo tuviera el corazón”. Sin embargo “este tango pasó a llamarse “Uno” cuando la censura lo prohibió y el pueblo lo pedía en los espectáculos levantando el dedo índice”:

Uno busca lleno de esperanzas
El camino que los sueños
Prometieron a sus ansias.
Sabe que la lucha es cruel y es mucha,
Pero lucha y se desangra
Por la fe que lo empecina

Pero su letra más recordada hasta hoy, es el histórico tango “Cambalache” (también censurado en varias dictaduras) que escribió en 1935:

Que el mundo fue y será
Una porquería, ya lo se
En el quinientos seis
Y en el dos mil, también.

El que no llora no mama
Y el que no afana es un gil.

No pienses; sentate a un lao,
Que a nadie le importa si naciste honrao…
Es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey,
Que el que vive de los otros,
Que el que mata, que el que canta,
O está fuera de la ley…

Este tango parece que hubiese sido escrito ayer, sin embargo se escribió al poco tiempo de estallar la depresión económica del 29. Discépolo refleja en este tango la moral del pueblo más que la situación económica que pasaba el país por ese entonces. El que tratará el declive del 29 será Enrique Cadícamo con “Al mundo le falta un tornillo”

Hoy no hay guita ni de asalto
Y el puchero está tan alto
Que hay que usar el trampolín.
¡Si habrá crisis, bronca y hambre,
Que el que compra diez de fiambre
Hoy se morfa hasta el piolín!

Con la llegada de Perón al poder, se escribieron varios tangos en honor al carismático general (“Oda a Perón) y a su esposa (“Evita capitana”) y los grupos antagónicos también escribieron sus letras . Con el golpe de estado de 1955 encabezado por Lonardi, el gobierno de facto haría desaparecer las miles de partituras que hicieron mención en sus letras al gobierno anterior.
Durante la década del cincuenta el tango comenzó su declive. La gente ya no lo bailaba y surgieron notables letristas contemporáneos como Horacio Ferrer, Eladia Blázquez y Héctor Negro, para llenar ese vacío con ricas metáforas.

También cabe resaltar que los músicos hicieron un interesante aporte de la década del cincuenta en adelante. Surgieron orquestas como la de Pugliese o Troilo y músicos controvertidos, dispuestos a salvar al tango como Piazzolla. Sin embargo, el tango dejó de ser moda arrolladora como lo había sido unos años atrás.

Para la década setenta, muerto el cantor Julio Sosa (uno de los que pudo haber rescatado al tango de su declive), la gente se inclinó hacia otros estilos de música como el jazz o el flamante “rock nacional”:

Viejas en la esquina mendigan su pan
En las oficinas muerte a la sociedad
Todos ciegos hoy sin saber mirar
La espantosa risa de la pálida ciudad

A simple vista parece una típica letra de queja del tango, sin embargo cabe aclarar que es un tema de Charly García titulado “Lunes otra vez”. El nuevo “rock nacional” tenía mucho del tango en sus letras, es por eso que en cierta medida el tango no quedó desaparecido de la escena nacional en esos tiempos. Con el rock “había nacido la utopía de pretender cambiar a la sociedad con una canción”. Sin ir más allá de nuestro tema: el tango nunca desapareció. El declive en la década del cincuenta es innegable, tal vez ya no sea “música popular” y está empezando a ser “música tradicional”, pero el tango se encuentra con nosotros en la actualidad aunque muchos no lo observen debido al sistema capitalista imperante que decide “qué debemos mirar y escuchar”; tal como diría Homero Expósito en Afiches: “cruel en el cartel / la propaganda manda cruel en el cartel”. Solo cabe resaltar tangos como “Canción de Cuna” (dedicado a las Madres de Plaza de Mayo), “A los desaparecidos”, “Son y serán argentinas” de Osvaldo Pugliese dedicado a las Islas Malvinas.

Como dice Carlos Mina: “el tango no fue de nadie, fue de todos” y todos se vieron representados en sus letras que reflejaban la situación del país.
Son las esperanzas y sueños perdidos del inmigrante al arribar al continente y ver tal manejo oligárquico del poder que llenó de frustración y desesperanza al recién arribado. Fue llorar por la tierra natal, las condiciones en el nuevo continente, la situación política, social y económica, en síntesis, la vida misma.

El ser humano siempre tendrá motivos para quejarse y en nuestro caso fue el tango el medio de comunicación ideal para hacerlo. Ya sea para transmitir sus ideas anarquistas o su apoyo al partido radical, o al peronista, el tango estuvo siempre presente. También lo estuvo cuando el pueblo se quejó de la situación que se vivía en los conventillos o cuando estallaba una nueva crisis económica. El tango siempre estuvo acompañando al pueblo con sus dolores, y tal como afirma el sociólogo Julio Mafud “las letras de tango pueden constituir un imprescindible manual de sociología argentina”.

Resumiendo, el tango fue el medio por el cual expresamos los problemas individuales de sentimientos y desencantos que nos igualan, y la voz de protesta ante las situaciones de injusticias cometidas contra el pueblo argentino que se vivieron en aquellos tiempos.

Mientras estas injusticias se sigan repitiendo, el tango seguirá protestando.

“Una canción popular debe ser siempre
el problema de uno padecido por muchos”
Enrique Santos Discépolo

 

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